Entradas de escritores consagrados importadas desde lasletrasylasangre.blogspot.com a partir del 18 de Febrero de 2013. En tanto mis delirios literarios seguirán allí.

jueves, 21 de febrero de 2013

Poemas de ensueño: Casida de la mujer tendida - Federico García Lorca



Verte desnuda es recordar la Tierra. 
La Tierra lisa, limpia de caballos. 
La Tierra sin un junco, forma pura 
cerrada al porvenir: confín de plata. 

Verte desnuda es comprender el ansia 
de la lluvia que busca débil talle 
o la fiebre del mar de inmenso rostro 
sin encontrar la luz de su mejilla. 

La sangre sonará por las alcobas 
y vendrá con espada fulgurante, 
pero tú no sabrás dónde se ocultan 
el corazón de sapo o la violeta. 

Tu vientre es una lucha de raíces, 
tus labios son un alba sin contorno, 
bajo las rosas tibias de la cama 
los muertos gimen esperando turno.

                                                

                                    Federico García Lorca

jueves, 7 de febrero de 2013

Poemas de ensueño: "Carpe diem" de Walt Whitman


Walt Whitman, un gigante de las letras, que halagado por Emerson y otros grandes entre sus contemporáneos, fue también combatido en su momento –sin éxito- por cierta mojigatería reaccionaria. Whitman es la encarnación de la pasión y la fuerza de una pluma incontenible. Este genio del verso libre, sin duda, ocupa un lugar de privilegio, bien ganado, entre los grandes nombres de las letras americanas y mundiales.
Los invito a compartir la melodía de sus palabras. Rhasek.

 En esta oportunidad…


Carpe diem
 (Aprovecha el momento)


No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo
extraordinario.
No dejes de creer que las palabras
y las poesías, sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque sólo en sueños puede ser libre el Hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes, huye...
"Emito mis alaridos por los tejados
de este mundo",dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
No traiciones tus creencias.
porque no podemos remar en contra de nosotros mismos:
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron,
de nuestros "Poetas Muertos",
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "Poetas Vivos".
No permitas que la vida te pase a ti
sin que la vivas ...


                                                           Walt Whitman

sábado, 2 de febrero de 2013

Párrafos de ensueño: diálogo entre Meursault y el capellán - de la novela "El extranjero" de Albert Camus

Breve comentario introductorio:



La filosofía del absurdo, como heredera desesperanzada del existencialismo sartreano por una parte y del pensamiento nihilista nietzscheano por la otra, tiene en Albert Camus a uno de sus más grandes exponentes. 
Será “la muerte de Dios”, sospechada (acaso confirmada) en el horror de las guerras mundiales, quien oficiará de cimiento para la construcción de tales filosofías. 
Así, ante la caída de Dios, Nietzsche intentará una nueva valoración de la vida, urdiendo para ello conceptos como “La Voluntad de Poder” y “El Eterno Retorno” (siendo este último concepto validación de esa “voluntad” mediante su repetición ad infinitum).
En tanto Sartre labrará su filosofía existencialista subvirtiendo pretéritos conceptos: el hombre es  esencia y existencia, pero ésta última -a diferencia de Kant y otros pensadores- será anterior a la esencia. Luego, incorporará el sentido profundo del existencialismo al afirmar que cada hombre, mediante la libre toma de decisiones, lo hace en nombre de todos los hombres. Esto traerá aparejado no sólo la fatalidad de la angustia ante semejante responsabilidad, sino también la dicha de saber (o intuir) que el sentido de la vida no es inextricable: se construye “por” y “en” el acto mismo. Cada hombre, en su individualidad, será capaz de forjar un sentido particular a la vida. 
Y es justamente este sentido sartreano de la vida el que será escindido -y hasta negado- en Camus: despojado de un propósito, el hombre vive una realidad que es un sinsentido. 
Lo absurdo posee el germen y la potencia de la indiferencia y la apatía. Esta forma de ver el mundo es refrendada con claridad en la actitud de Meursault, protagonista de la novela El extranjero. Estas fatalidades nihilistas poseen una belleza y una profundidad dignas de ser degustadas. Sin más dilaciones, entonces, transcribo una parte del diálogo entre Meursault y el capellán, una joya memorable de la literatura existencialista.
Su servidor, César A. Pacheco



Extracto de la novela "El extranjero" - diálogo entre Meursault y el capellán:
        imagen sacada de google
[...] En ese preciso momento entró el capellán. Cuando lo vi, sentí un ligero estremecimiento. El lo notó y me dijo que no tuviera miedo. Le dije que su costumbre era venir a otra hora. Me respondió que era una visita amistosa que no tenía nada que ver con la apelación, de la que no sabía nada. Se sentó en el camastro y me invitó a acercarme más a él. Me negué. A pesar de todo, me parecía muy amable.
Quedó un momento sentado, con los antebrazos en las rodillas, la cabeza baja, mirándose las manos. Eran finas y musculosas; me hacían pensar en dos ágiles animalitos. Las frotó lentamente, una contra la otra. Luego quedó así, con la cabeza siempre baja, durante tanto tiempo que en cierto momento tuve la impresión de que lo había olvidado.

domingo, 27 de enero de 2013

Cuentos de ensueño: "La Cosa" de Abelardo Castillo


    
Abelardo Castillo es, a mi modo de ver, o mejor dicho a mi modo de sentir la literatura, el más grande escritor argentino con vida. Sin embargo, en esta oportunidad, mi opinión de mero diletante está en coincidencia con una parte importante de la crítica literaria nacional. Innumerables distinciones y galardones, acaso, dejen un mínimo lugar para la duda de aquellos a los que siempre estos temas les provoca sentirse poseídos por los demonios de la polémica.
Ningún género le ha sido avaro: ha escrito con éxito novelas, poemas, obras de teatro, ensayos e infinidad de cuentos.
 Dentro de la narrativa argentina, nadie ha escrito -dejemos a Borges a un lado, obviamente- cuentos tan exquisitos, de prosa tan hondamente poética como Abelardo. Para mí, su prosa es, ante todo, poesía; un vendaval fascinante repleto de figuras poéticas, de una dimensión espiritual sobrecogedora. Esa misma poesía que, en forma de versos nos retacea o nos esconde, por decisión personal, porque la considera algo muy íntimo.
Marechal dijo alguna vez que el secreto de Abelardo Castillo residía en “una difícil y abnegada vocación existencial”. Más contundente ha sido el propio Castillo al aclarar: “Para mí, la literatura y el ser no se diferencian. Lo que escribo no es lo que hago sino lo que soy”. Dicho sea de paso, esta frase es leitmotiv de este blog. No por nada, de los cinco cuentos completos que subí al blog hasta ahora dos ya le pertenecían a Castillo. Sumando uno más al contador de “cuentos de ensueño”, los dejo entonces en compañía de la historia que ha servido de excusa para verter estas breves pero sinceras palabras.  César A. Pacheco.


                                                                  LA COSA

La Cosa está ahí, sentada en mi sillón Voltaire, frente a esta mesa, y entrecerrando soñadoramente sus ojitos joviales y malévolos me dice con la cabeza que sí, que puedo contar esta historia, empezarla por donde debo empezar y escribir cuánto me gustaban esos viejos bares de Buenos Aires, un poco sórdidos, que, como los zaguanes y los patios, inexorablemente han ido desapareciendo hasta de los suburbios de la ciudad.